Desempleado

La frustración laboral, un desafío para los líderes hoy

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La frustración laboral parece un asunto tan personal, tan íntimo, que un líder podría decir que no tiene nada que ver con esta y que ya tiene bastantes asuntos qué atender como para ocuparse del malestar de los demás. “Aquí se viene a trabajar y si no le gusta lo que hace pues renuncie, hay bastante gente afuera buscando trabajo”… escuché alguna vez decir a un jefe.

En parte, podríamos decir que sí hay un componente personal que invita a mirarse a sí mismo, a hacerse preguntas como: si no estoy bien aquí ¿qué es lo que estoy conservando que prefiero quedarme en este trabajo en vez de atreverme a experimentar otros caminos laborales?, o ¿qué es lo que me siento llamado a hacer que no encuentro en este lugar?, ¿dónde quiero estar?, ¿la frustración que siento tiene que ver con lo que estoy haciendo, con lo que estoy sintiendo o con lo que estoy pensando? Tal vez conversar con alguien podría ayudar a develar el momento por el que la persona está pasando.

Al mismo tiempo, también hay unas condiciones del contexto que influyen en que emerja la frustración laboral. Me atrevo a clasificarla en varios niveles:

  • El más íntimo, que trae situaciones personales muy profundas que se terminan expresando en la relación con el otro. El no sentirse lo suficientemente apto para el puesto, las dificultades en el hogar, heridas que no han sanado, la dificultad para entablar relaciones, entre otros.
  • El más cercano, que trae las relaciones con los jefes, compañeros, desacuerdos que no se logran gestionar, expectativas que no se cumplen, juicios y todas las dificultades que aparecen cuando se expande el mundo más allá de nosotros mismos.
  • Un poco más amplio, podríamos traer las políticas, decisiones, incoherencias o angustias que aparecen por la forma como se está gestionando la organización, donde se invisibiliza a las personas, se generaliza la sordera de los gritos silenciosos que se van emitiendo en todo el sistema, se premia el individualismo, la competencia y el resultado sin importar cuánta “sangre” quede en el camino.
  • Y uno más amplio que trae toda la vivencia planetaria y que cuando miramos el trabajo en el que estamos, algo nos queda haciendo falta: porque lo que hace la empresa afecta el ecosistema social y natural y nos duele, o porque mi trabajo aporta a la generación de utilidades para unos pocos a costa del bienestar de muchos, o porque siento un llamado a aportar desde otro lugar. Ya no tiene que ver con el jefe, con los compañeros o con el mercado. Tiene que ver con convicciones profundas de poder aportar desde la autenticidad de lo que somos buscando un bienestar para todos.

¿Y esto que tiene que ver con los líderes?

Por un lado, que puede ser el líder el que esté pasando por esta sensación de frustración y necesita parar y mirarse. Tal vez no se dé cuenta del impacto que está generando en el equipo, con los colegas y la organización, y siga pensando que el problema que tiene es de otros, no de él.

Por otro lado, el no darse cuenta de que la frustración está apareciendo en el equipo lleva a que pierda la oportunidad de abrir conversaciones importantes, acompañar el crecimiento de las personas con las que trabaja y favorecer la actitud de aprendizaje al reconocer que algo está pasando y que necesita ser escuchado.

Volviendo a los niveles mencionados:

Cuando la frustración está en el contexto más íntimo es importante buscar ayudar. El darse cuenta de que es un asunto personal ya es un gran paso. Ahora es importante encontrar la forma para sanar y responsabilizarse de la propia situación. Si el líder es el que está en esta situación, no hacer algo para resolverla terminará creando consecuencias negativas con un impacto más amplio en la organización. Si es alguien del equipo, y el líder se da cuenta, puede invitarlo a conversar y de manera genuina proponerle que busque la ayuda necesaria.

Cuando la frustración aparece por las relaciones que se dan en el equipo, es una gran oportunidad para volver la mirada hacia sí mismos y reflexionar sobre qué es lo que conversan cuando conversan, dónde están poniendo la atención, de qué no están hablando, qué emociones están apareciendo y qué podemos hacer juntos para gestionarlas.

Cuando el origen de la frustración es por la inconformidad con la forma como se está gestionando la organización, es importante expresar con valentía lo que estamos viendo, las consecuencias de esa forma de operar y la apertura para encontrar caminos más colaborativos. Si no hay disposición para esto, quizá no es un buen lugar para estar. Y si te quedas, con conciencia de esta situación, de tu sentir, de lo mal que te sientes… no hay lugar para la queja. 

Y, por último, si la frustración aparece por no sentirte en sintonía con el llamado que te hace hoy la vida desde una esfera bio sistémica más amplia, la invitación es a seguir tu intuición y dar los pasos con valentía. El mundo necesita de ti, de lo que eres, de tu autenticidad, de la fuerza de tu corazón.