Conversaciones Difíciles

Cerrando conversaciones difíciles

Escrito en Finanzas Personales 0

Detrás de una conversación a la que consideramos “difícil” hay un temor a lo que pueda pasar, es decir, a que las cosas no salgan como queremos que salgan, ya sea por una expectativa, la posibilidad de perder algo o esa sensación que tenemos tan arraigada de creer que una conversación concluyó bien cuando se llega a lo que queremos.

Es interesante darnos cuenta de que a veces creemos que estamos conversando y lo que realmente estamos haciendo es utilizar el encuentro con el otro para imponer nuestros deseos. No importa si lo hacemos de forma amable, cariñosa o agresiva, en todos los casos estamos manipulando.

La verdadera conversación aparece cuando soltamos el resultado esperado y nos disponemos a intercambiar con el otro lo que estamos sintiendo, lo que nos está pasando, lo que necesitamos, con la apertura para que el otro también exprese su sentir y juntos naveguemos por territorios inhabitados que solo la conversación devela. 

Cuando soltamos las expectativas y nos disponemos a conversar con todo lo que somos, con nuestras emociones, miedos y certezas, abrimos la posibilidad de escuchar las emociones, miedos y certezas del otro, encontrando que quizá hemos estado inmersos en un malentendido, o que lo que nos faltaba era escuchar información que desconocíamos, o incluso, que el otro no está en disposición a conversar conmigo, lo cual también es válido.

Cuando el otro no quiere conversar no hay mucho que podamos hacer, más que manifestar nuestra disposición a hacerlo y respetar su decisión.

Pero cuando se dispone, es como si el universo entero celebrara la posibilidad de este encuentro para ampliar nuestra mirada, por lo que es muy importante estar abiertos a lo que pueda pasar y no llegar con un libreto aprendido para que se haga lo que yo quiero que se haga, porque eso no es conversación, eso es prepararse para ganar una disputa, demostrar que soy yo quien tiene la razón, vencer al “enemigo”.

Quizá el resultado no sea el esperado. Podría ser mejor, o peor. Quizá el mejor acuerdo al que podemos llegar es el no estar juntos. Pero hemos recorrido el camino con consciencia y sin necesidad de abrir más heridas culpando al otro de nuestras insatisfacciones.

Un buen cierre de una conversación difícil tiene que ver con:

  • Reconocer que lo que es difícil para mí, no necesariamente lo es para el otro.
  • Que si la conversación está siendo difícil para mí, tengo emociones, temores, dolores y expectativas que hablan de mí, no del otro.
  • Que terminar bien una conversación no tiene que ver con que se llegue a lo que yo quería, sino lo que los dos vamos descubriendo juntos.
  • Y que si bien, podría fortalecerse la relación, también podría terminarse, y eso también está bien. Tal vez sea lo mejor. Y puedes aceptarlo con paz en tu corazón.

Tal vez no existen las conversaciones difíciles, existen las conversaciones difíciles para mí, por la situación particular que estoy viviendo.