Cuando más es menos

Aprendí de los alemanes que “menos es más”, frase que se ha convertido en un mantra en casi todas las dimensiones de la vida. Se acuñó con fuerza en la arquitectura, pasó por los ejercicios de planeación y organización en las empresas, sin dejar atrás el minimalismo y la idea de simplicidad que aparece en muchas culturas, como en la filosofía budista Zen.

En lo personal, siempre me ha gustado como guía, aunque en la práctica, confieso, a veces me cuesta.

Hacer lo mayor posible con el mínimo de recursos indica eficiencia. Tener solo aquello que se necesita o que usamos, libera de excesos y acumulación sin sentido. Planes con pocas metas pero contundentes y bien orientadas, evitan el desgaste de estar trabajando por cumplir un montón de indicadores que alejan de lo importante.

En otras palabras, menos carreta (como decimos en Colombia a hablar cháchara), y más acción.

Sin embargo, también he venido entendiendo que, a veces, más es menos. Es decir, entre más nos miramos a nosotros mismos, menos necesitamos reconocimientos de los demás. Entre más conversamos hay menos necesidad de control. Entre más confiamos en la sabiduría de la vida, menos sufrimos. Entre más conversaciones difíciles somos capaces de abrir, hay menos problemas y malentendidos. Entre más atención ponemos, menos errores cometemos. Entre más hacemos lo que nos sentimos llamados a hacer hay menos frustración y, entre más conscientes seamos de nuestra responsabilidad en todo lo que vivimos y creamos en nuestro planeta, menos impacto negativo generaremos.

Parece tan fácil y, al mismo tiempo, es tan desafiante. Porque seguimos pegados de unos menos que son muy desafortunados: cómo tener menos trabajo y ganar más dinero. Menos responsabilidades y más reconocimientos. Menos conversaciones y más obediencia (que el otro haga lo que yo quiero que haga, y si puede adivinar lo que yo quiero que haga, para no tener que decírselo, mejor). Menos relaciones auténticas y más likes. Menos disciplina y más premios. Menos autoliderazgo y más seguidores.

Tal vez deberíamos tener un poco más de lo que conecta con nuestra autenticidad y un poco menos de todo lo que ocupe espacio y nos aleje de lo valioso y verdadero.

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